La capacidad de producción, posesión y control comercial de la tecnología y la información técnica constituye una de las ventajas competitivas más importantes de los países industrialmente desarrollados en sus relaciones político-económicas con los otros países y aun entre ellos.
En referencia a esto Denis Goulet señala que "la tecnología afecta al desarrollo en cuatro aspectos:
- es la mayor fuente de creación de bienestar;
- es un instrumento que permite a sus poseedores ejercer un control social en diferentes formas;
- afecta decisivamente las modalidades de los procesos de decisión;
- está relacionada directamente con los patrones de alienación de la sociedad".
Dado este papel crucial de la tecnología, reiterativamente, se debe asegurar a la sociedad un comportamiento ético, equidad distributiva y el acceso al bienestar: educación, empleo, salud, vivienda, seguridad y esparcimiento.
En este contexto la tecnología ha sido instrumental en el incremento del poder económico y político de las naciones industrializadas mientras que ha producido dependencia tecnológica en los países en desarrollo y, al ser portadora de valores culturales ha creado una dependencia cultural adicional de características alienatorias en los países receptores, con estructuras técnico-económica-sociales débiles.
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